
Se que miles de hombre mueren de hambre, mientras que
Otros en el mismo instante mueren por comer demasiado,
Es que no hemos sabido compartir el trigo,
Y amasar el pan para nuestros hermanos humanos.
Se que si tantos jóvenes dan rienda suelta a su violencia,
Queriendo coger por la fuerza aquello de que han sido privados,
Es que han nacido por error, al azar de un abrazo,
O que han sido queridos como muñeca por unos padres niños,
Después del automóvil y del perrito.
Se que si hay hombres que solo ven signos negros y mudos
en las Paginas de un libro,
Es porque algunos guardan el saber para ellos, como un don
Reservado
Se que si la tierra es propiedad y provecho para unos pocos
Y solo cantera de trabajo y de fatiga para la multitud,
Es que los hombres han olvidado que la tierra es de todos y no del
Mas fuerte.
Se que si algunos hombres, es cierto, son mas ricos de inteligencia, de
Salud y de valor que otros,
Sus riquezas son una deuda hacia los desprovistos,
Pero se también que con demasiada frecuencia esta deuda aumenta,
Sin ser reembolsada.
Se que millones de hombres viven sin poder
Ocupar libre y responsablemente
Su lugar en la construcción del mundo,
Es porque algunos creen haber nacido para ser amos
Y necesitan esclavos para seguir siéndolos.
Se que si miles de prisioneros agonizan en los campos
O gritan bajo la tortura,
Es porque algunos hombres se hacen propietarios de las verdades,
Y matan lentamente los cuerpos para que muera el pensamiento.
Se también y admiro,
Que por todas partes hay hombres que se levantan animados,
Y de pie, lanzan su cuerpo sangrante a las luchas por la injusticia y
Por la paz,
Pero se también que de un cuerpo que combate,
Sin un corazón que palpite,
No puede nacer la victoria,
Porque las luchas sin amor son luchas en vano
Y la sangre que hacen manar llama a otra sangre.
Michel Quoist “Háblame de Amor”
Sufrimiento; fruto del egoísmo
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Etiquetas: egoísmo, iglesia, sentimientos, sociedad
Claude Lévi-Strauss, 100 años de lucidez (1908-2009)
Referente para varias generaciones de intelectuales, ya próximo a cumplir un siglo, Claude Lévi-Strauss repasa aquí los años que pasó en Brasil, cuando realizó los estudios etnográficos que marcaron el rumbo de la antropología estructural. En la charla aparecen el impacto colosal de la "selva virgen" y de la formación urbana, así como los cambios que sufrió nuestra relación con los pueblos "primitivos", con sus ritos y su cultura.
¿Es posible quedar marcado físicamente y para siempre por un país?
Sin duda. Cuando yo fui a Brasil, en 1935, para enseñar sociología en la Universidad de San Pablo, mi primer impacto fue la naturaleza, tal como todavía era posible contemplarla sobre las pendientes de la Serra do Mar, entre San Pablo y el puerto de Santos. Allí existía un desnivel de 800 metros tan abrupto que la civilización había desdeñado el lugar en beneficio de la selva virgen. Al desembarcar en Santos se tenía un contacto breve pero inmediato con lo que el Brasil del interior, a miles de kilómetros de allí, todavía podía reservar. En el interior me encontré de nuevo con una naturaleza absolutamente distinta de la que había conocido... Pero hay otra dimensión a la que no siempre se le presta atención y que para mí fue fundamental: el fenómeno urbano. En 1935 decían que se construía una casa por hora en San Pablo. Había una compañía británica que abría los territorios al oeste del Estado y construía una línea de ferrocarril y urbanizaba una ciudad cada quince kilómetros. En esa época, uno de los grandes privilegios de Brasil era poder asistir, de manera casi experimental, a la formación de ese fantástico fenómeno humano que es una ciudad.
¿Toda ciudad?
En nuestro país, la ciudad es a veces sin duda el resultado de una decisión del Estado, pero sobre todo de millones de pequeñas iniciativas individuales tomadas a lo largo de los siglos. En el Brasil de los años 30 se podía observar cómo se producía todo el proceso en unos años. Como yo ejercía la etnografía, los indios fueron para mí esenciales, pero esa experiencia urbana ocupó un lugar muy importante, y los dos Brasil coexistían. Novelistas como Euclides da Cunha —autor del clásico Os SertÉes — describieron magníficamente a ese Brasil. También conocí muy bien a Mario de Andrade: musicólogo, poeta, fundador de la Sociedad de etnografía y folklore de Brasil. Fuimos muy amigos.
De Andrade había imaginado con mucho humor, en su novela "Macunaima", a un indio de Amazonas mentiroso y haragán, convertido por su matrimonio en emperador de la selva virgen, que terminaba recalando en San Pablo para recuperar un amuleto antes de ser transformado en constelación: la Osa Mayor. Ese espíritu indígena, ese vínculo entre ciudad, selva y mito, ¿perdura? ¿Siguió su rastro?
Sigo la evolución de los indígenas que había estudiado a través del pensamiento, y gracias a mis colegas mucho más jóvenes, sobre todo de la universidad de Cuiaba, en el Mato Grosso, que trabajan con los Nambikwaras. Me escriben, me envían sus trabajos. Esos pueblos han soportado pruebas terribles: han sido casi exterminados. Pero lo que se produce actualmente es de sumo interés. Estos pueblos se han puesto en contacto unos con otros. Saben ahora lo que durante mucho tiempo ignoraron: ya no están solos en el universo. En Nueva Zelanda, Australia o Melanesia existe gente que, en épocas diferentes, pasó por las mismas pruebas. Toman consciencia entonces de su posición común en el mundo. Naturalmente, la etnografía ya no será nunca lo que yo pude practicar en mi época, cuando la cuestión era encontrar testimonios de las creencias, de formaciones sociales, de instituciones nacidas en total aislamiento respecto de las nuestras y que constituían por lo tanto aportes irreemplazables al patrimonio de la humanidad. Ahora, estamos, por así decirlo, en un régimen de "compenetración mutua". Vamos hacia una civilización a escala mundial. En la que probablemente aparecerán diferencias —al menos, eso esperemos— pero que ya no serán de igual naturaleza.
La rapidez de desplazamiento, la velocidad de propagación de las culturas, la comunicación, son factores determinantes...
Antes mis colegas y yo nos tomábamos barcos mixtos que después de muchas escalas tardaban diecinueve días en llegar a América del Sur, deteniéndose en las costas españolas, argelinas, africanas. De África, dicho sea de paso, solamente conozco las escalas que hice en los viajes a Brasil ida y vuelta.
¿Qué significa hoy Brasil para usted?
Representa la experiencia más importante de mi vida por el alejamiento, por el contraste, pero también porque determinó mi carrera. Tengo una deuda muy profunda con ese país. Abandoné Brasil a comienzos del año 39 y recién volví brevemente en 1985, cuando acompañé al presidente Mitterrand para una visita de Estado de cinco días. Aunque fue muy corto, ese viaje me produjo una verdadera revolución mental: Brasil se había convertido en un país totalmente distinto. En los 30, San Pablo tenía apenas un millón de habitantes y en 1985, más de diez millones. Los vestigios de la época colonial habían desaparecido. San Pablo se había transformado en una ciudad bastante horrorosa, erizada de rascacielos, a tal punto que cuando quise volver a ver, no la casa donde había vivido —seguramente ya no existía— sino la calle donde había vivido, pasé la mañana bloqueado en embotellamientos sin poder llegar. La urbanización hizo desaparecer su naturaleza; el río Tietè, que fue fundamental en la conquista del interior de Brasil, está moribundo...
Ese relajamiento de los vínculos entre el hombre y la naturaleza ¿no es característico de nuestra época?
Ya en mi tiempo, la naturaleza de San Pablo había cambiado mucho. El vínculo entre el hombre y la naturaleza quizá se haya roto y, al mismo tiempo, se puede comprender que Brasil, desarrollado tan notablemente, tenga respecto de la naturaleza la misma política que Europa en la Edad Media: destruirla para instalar una agricultura.
¿Volvió a ver a sus amigos, los indios Caduveos, Bororos o Nambikwaras, que usted había estudiado?
En 1985, Brasilia era una de las etapas del viaje presidencial. El diario O Estado de Sao Paulo me propuso llevarme a ver a los Bororos, un viaje que me había costado mucho en 1935, pero que, en avión, se podía hacer en unas horas. Subimos una mañana a una avioneta que transportaba solamente tres pasajeros: mi mujer, una colega brasileña y yo. El avión voló sobre los territorios Bororos, pudimos incluso divisar algunas aldeas todavía con su estructura circular, pero cada una tenía ahora una pista de aterrizaje. Y después de sobrevolarlas, el piloto nos dijo: Podría aterrizar, pero las pistas son tan cortas que tal vez no pueda volver a despegar. Renunciamos y regresamos a Brasilia atravesando una tormenta espantosa. Creo que nuestra vida nunca se había visto tan expuesta, ni siquiera en la época de mis expediciones. Llegamos apenas a tiempo para que mi mujer se pusiera un vestido de fiesta y yo un smoking para asistir a la cena de gala ofrecida por el presidente de Brasil a Mitterrand. Todo eso mostraba hasta qué punto había cambiado el país. No volví a ver a los Bororos en carne y hueso, pero sobrevolé el Bermejo, un afluente del Paraguay que me había llevado varios días remontar en piragua, y que ahora está bordeado por una ruta asfaltada.
La fotografía, a la que se ha dedicado con entusiasmo, ¿puede fijar esos mundos perdidos?
Nunca le di mucha importancia a la fotografía. Tomaba fotos porque era necesario, pero siempre con la sensación de que representaba una pérdida de tiempo, una pérdida de atención. Sin embargo, me gustaba mucho y me dediqué a la fotografía en mi adolescencia. Mi padre era pintor y trabajaba mucho con la fotografía. Pero la fotografía era un oficio aparte, por así decirlo. Lo que yo hice es un trabajo de fotógrafo en el grado cero. Publiqué un libro de fotos — Saudades do Brasil , que podría traducirse Nostalgia de Brasil, en 1994— porque a mi alrededor insistieron mucho. El editor eligió un poco menos de 200 clisés entre montones de otros. Durante mi primera expedición a los Bororos había llevado una pequeña cámara portátil y cada tanto oprimía el botón y tomaba algunas imágenes, pero en seguida me hastié porque cuando uno tiene el ojo detrás de un objetivo de cámara no se ve lo que pasa y se comprende menos todavía. Quedaron algunas migajas que en total hacen más o menos una hora de fragmentos de películas. Las encontraron en Brasil, donde yo las había abandonado y las mostraron una vez en el Centro Pompidou. Además, voy a hacerle una confesión: las películas etnológicas me aburren enormemente.
¿Qué pasa con el Museo del Hombre, inaugurado en 1938?
El Museo del Hombre se encamina hacia un nuevo destino. Fue concebido siguiendo una fórmula muy ambiciosa pero que, en mi opinión, ya no responde a las realidades del momento. Su objeto era unir la prehistoria, la antropología física, la etnografía, que tomaron en cada caso caminos divergentes. En el caso de la etnografía, el Museo del Hombre pretendía mostrar cómo vivían aún en 1920 y 1930 los pueblos lejanos que los etnólogos iban a estudiar. Eso ya no responde al presente. Si quisiéramos mostrar cómo vive hoy una población melanesia, desconocida en 1930, habría que poner en la vitrina bolsas de café y autos Toyota junto a algunos utensilios tradicionales. Y sería una imagen mentirosa. La idea general del futuro museo del Quai Branly es recoger todo lo que estas civilizaciones han producido de grande y bello, teniendo en cuenta que son testimonios del pasado. Eso responde bien a la relación que esas civilizaciones pueden y deben mantener con su pasado, y a la que podemos mantener hoy con ellas.
¿Es posible que un objeto sacado de su contexto ritual, comunitario, conserve su sentido?
Una máscara que tiene una función ritual es también una obra de arte. El enfoque estético no me inquieta en absoluto. El Museo del Louvre es ante todo un museo de bellas artes. Tiene, por lo tanto, un espíritu, una función estetizantes. Nunca impidió que la historia o la sociología del arte se desarrollaran, ni que los conservadores de ese museo fueran muy buenos estudiosos. El hecho de suscitar el interés o la emoción del público a través de objetos bellos no me preocupa para nada. La estética es una de las vías que le permitirá descubrir las civilizaciones que los produjeron. Y así algunos se convertirán en historiadores, observadores, estudiosos que se dedicarán a esas civilizaciones.
Usted coleccionó objetos y llegó a comparar los mitos, tema de sus investigaciones, con "objetos muy bellos que no nos cansamos de contemplar". ¿Todavía le encantan?
Siempre he amado los objetos, desde la infancia, el baratillo. En un tiempo, los objetos que llamábamos primitivos eran accesibles a los bolsillos modestos. Con André Breton, por ejemplo, cuando estábamos en Estados Unidos, sabíamos que esos objetos eran tan bellos como los de otras civilizaciones; y que podíamos comprarlos por casi nada. Todos los objetos ahora tienen un precio tan alto que lo único que se puede hacer es mirarlos de lejos sin pensar en tenerlos. Si las condiciones se hubieran mantenido, seguramente seguiría coleccionando. En 1950, tuve problemas personales y a toda costa tenía que comprar un departamento. Tuve que separarme de mi colección. Hoy veo pasar objetos que me pertenecieron. El Quai Branly compró el extremo superior de un tocado de indio de la costa noroeste de Canadá que se encontraba, no sé cómo, en una colección en la provincia. En el Louvre hay una máscara de transformación kwaktiul. También se podrán ver objetos que reuní para el Museo del Hombre durante mis expediciones; sufrieron mucho durante la guerra y luego por las malas condiciones de calefacción. Los tocados de plumas se arruinaron mucho. Las plumas estaban pegadas con resina o cera y en la época que yo traía mis colecciones, pensaban que debía inundar mis cajas con un desinfectante cuyos vapores disuelven esas resinas.
Usted es melómano. Su libro "Mitológicas" arranca con una obertura y cierra con una finale. En "Lo crudo y lo cocido", el primero de los cuatro volúmenes de "Mitológicas", comienza recitando un canto Bororo: la melodía del buscador de pájaros. ¿Analizó su música?
No, para nada, no soy etnomusicólogo; no estudié sus cantos. En algunos casos me impresionaron, en otros me emocionaron. Por otra parte, una de mis primeras emociones fue la de las ceremonias que se desarrollaban cuando conocí a los Bororos. Acompañaban sus cantos con sonajeros que manipulaban con tanto virtuosismo como un director de orquesta su batuta. Hace unos meses recibí la visita de dos indios Bororos que acompañaban a dos investigadores de la universidad de Campo Grande del Mato Grosso, donde ellos mismos enseñan. Quisieron, en mi oficina del Collège de France, por su propia iniciativa, cantar y bailar para mí. Esa es una de las paradojas en las que vivimos: esos colegas Bororos conservaban toda la frescura y autenticidad de una música que yo había escuchado sesenta años antes. Fue muy emocionante. La música es el misterio más grande que enfrentamos. La música popular brasileña de mi tiempo era, además, sumamente sabrosa.
¿Qué diría del futuro?
No me pregunte nada de eso. Estamos en un mundo al que ya no pertenezco. El que conocí y amé tenía 1.500 millones de habitantes. El mundo actual tiene 6 mil millones de humanos. Ya no es el mío. Y el de mañana, poblado por 9 mil millones de hombres y mujeres —aunque se trate de un pico de población, como nos dicen para consolarnos— me impide cualquier predicción...
Fuente:Rebelión.org
Claude Lévis strauss
antropología
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Sabra y chatila y las bengalas de Folman
En estos mismos días, mientras los chilenos celebraban en fondas y fiestas la independencia nacional, el año 1982, a varios kilómetros del territorio americano se llevó a cabo uno de los mas grandes genocidios de la historia del siglo XX, me refiero a la masacre de Sabra y Chatila.Todo sucedió en el marco de la guerra civil libanesa, donde el líder maronita y mandatario electo libanés, Bashir Gemayel sufre un atentado explosivo el 14 de septiembre, que termina con su vida. Con este acto Israel aprovecha la ocasión para ocupar la parte oriental de Beirut, violando un acuerdo con Estados Unidos de no ocupar Beirut oriental. El día 15 de ese mes el ejército israelí cerca los campamentos controlando las entradas y salidas del campo. El ministro de defensa israelí, Ariel Sharón se reunió con miembros de las unidades de la milicia cristiano-falangista libanesa (partidistas del asesinado Bashir) para invitarles a ingresar a los campamentos de refugiados a buscar miembros del frente de liberación palestina. Los falangistas libaneses, azuzados por las acusaciones israelíes de que los palestinos habían sido los autores del asesinato, buscan venganza en la población civil ingresando casa por casa y masacran a más de 6.000 refugiados, mujeres, ancianos y niños. El cómplice ejército israelí, para facilitar el éxito de la operación durante las noches, disparó bengalas para iluminar el cielo que albergó aquella matanza.
Debo reconocer que mis conocimientos sobre historia árabe no son muy profundos y hace poco vine a conocer este lamentable hecho a través del documental animado “Vals con Bachir” del director israelí Ari Folman. Este documental posee dos grandes aspectos que, para mí, lo hacen ser uno de los mejores filmes animados del último tiempo. El primero es la originalidad de la estética, el utilizar un recurso como la animación para contar un hecho bélico es tremendamente novedoso, viene a reunirse con otras películas que han utilizado la animación no solo para trabajar en contenidos infantiles sino en un cine mas “serio” o profundo. Como el mismo director plantea, los sueños, el mundo onírico en el que se desarrollan los sucesos, los recuerdos, divagaciones, etc… no hubieran sido posible desplegarlos dentro de un marco fílmico con humanos, con actores y locaciones reales. La animación da un plus para llegar a lugares que en la realidad hubiera sido imposible alcanzar.

El segundo aspecto es la forma en que se narra el suceso. Aunque ver diversos hechos históricos a través de los ojos de un sujeto no es nada novedoso, en este caso es absolutamente importante la visión que asume el personaje principal como eje en el que se desenvuelve el contenido fílmico. El director es el personaje principal, un ahombre adulto que no recuerda nada sobre lo acontecido en Sabra y Chatila. Es a través de recuerdos externos y sufrimientos de compañeros de pelotón que Ari Folman ata los cabos que resuelven los vagos recuerdos y sueños que poseía sobre su paso por el ejército. De esta forma las diversas entrevistas a sus camaradas lo sumergen en una suma de recuerdos que mejor hubiese sido no desempolvarlos, los recuerdos llegan bruscamente a golpear la faz del sujeto, reviviendo la angustia y el dolor que había reprimido por años.
El sufrimiento del director se agudiza al descubrir que fue partícipe de tan negro episodio, de pecar de omisión al no hacer nada mientras masacraban a un pueblo entero, además de estar constantemente lanzando véngalas para que la falange libanesa violara mujeres, matara hombres y niños. Estos antihéroes recuerdan con nostalgias los hechos ocurridos, se lavan las manos sobre el baño de sangre perpetrado en Sabra y Chatila, algunos con más remordimientos que otros, pero los fantasmas del pasado pesan en las conciencias de aquellos soldados que presenciaron tan funesto espectáculo. Además se añade el sufrimiento de las familias, de los refugiados, de los gritos de dolor que se neutralizan y cubren con música, sonidos de bombas y ráfagas de metralletas que no cesan durante toda la noche, noche que parecía día con las cientos de bengalas que caían como ángeles del cielo.
Como algunos críticos planteaban, las imágenes reales de la masacre al final del film, nos vienen a recalcar aún mas el realismo del film, es el salto del mundo animado al mundo real, de la digitalización y programas computacionales a la carne y hueso, aquel mundo en que sucedió una masacre sin fundamentos, donde el hombre saca a relucir lo peor de su especie, la violencia, intolerancia y estupidez. Vals con Bashir destaca por intentar efectuar un nuevo lenguaje cinematográfico, renovar una ya desgastada y desprestigiada industria del cine. Pero además de realizar un mea culpa sobre sucesos acaecidos hace muchos años, injusticias que día a día siguen reviviendo en mentes inconcientes, denuncia a la guerra como un hecho funesto para quien dispara y sobre todo, para quien recibe injustamente aquellas balas enemigas.
libano
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records shilenos
Mayor racimo uvas: 9,4 kg, en Santiago en 1984.
- Lugar más seco: cierto punto preciso al interior de Arica.
- Sequía más larga: 400 años sin lluvia en el desierto de Atacama, entre 1571 y 1971.
- Terremoto más potente medido: los 9,5 en la escala de Richter en Valdivia, 1960.
- Volcanes activo (Llullaillaco, 6739) y potencialmente activo (Ojos del Salado, 6893) más altos del mundo
- El desembarco chileno en Pisagua, en la guerra del Pacifico, fue el primer desembarco anfibio orgánico de la historia.
- El primer antivirus computacional fue creado por un chileno.
- Salto de altura a caballo: 2,47 metros, por Huaso (lástima que esta disciplina ya no se practica asi que no se toma mucho en cuenta el récord)
- Mayor mina a tajo abierto del mundo: Chuquicamanta
- Mayor mina subterránea del mundo: El Teniente, con 2400 kilómetros de túneles (no es la más profunda)
- Chilenos son: el primer penal farreado en un mundial (Carlos "Zorro" Vidal en 1930), la primera tarjeta roja (no el primer expulsado por supuesto, Caszely en 1974), y el primer quinto árbitro (Cristián Julio el 2006). Bonus track: los dos últimos páises que derrotó Chile en un mundial ya no existen: Yugoslavia y URSS, ambos en 1962.
- Buceo a mayor altitud: a 5.856 en el volcán Licancabur, por dos mexicanos.
- Mayor altitud alcanzada por un vehículo terrestre: 6.688 m en el Ojos del Salado, los chilenos Gonzalo Bravo y su copiloto Eduardo Canales, en abril de 2007.
- Chile y Argentina comparten la frontera terrestre más larga (mayor es la de USA y Canadá si se consideran los grandes lagos)
- La guerra de Arauco es la más larga de la historia de la humanidad: 350 años.
- Puerto Williams es el poblado más austral del mundo. Tenemos además cientos de records asociados al el más austral: restaurant, hotel, bomberos, policía, bosque, castorera, jardín infantil, etc, etc, etc, etc. Podríamos seguir todo el día.
- El yacimiento arqueólogico más alto: cumbre del Llullaillaco (6739)
- Telescopio más poderoso: el VLT del cerro Paranal.
Bonus track: Además el Guiness consigna el hallazgo hecho ahí de la estrella austral Achenar, considerada como el astro más plano y menos esférico de nuestra galaxia
- En la guerra civil de 1891 las cazatorpederos "Almirante Lynch" y "Almirante Condell" hicieron el primer hundimiento con un torpedo autopropulsado: al blindado "Almirante Blanco Encalada".
- Palabra más sucinta: Mamihlapinatapai, en el idioma ona (ver dato 64)
- Las momias más antiguas del mundo: las de la cultura chinchorro, con hasta 7.000 años.
- La mayor tasa de incidencia de cirrosis hepática per cápita
- La trocha de tren (ancho de la línea) que se usa en Chile y otros 7 países es la más ancha del mundo.
- El Chiflón del Diablo (Lota) es la única mina del carbón del mundo ventilada naturalmente.
- La central hidroeléctrica de Chivilingo, también cerca de Lota y diseñada por Thomas Alva Edison, fue declarada en junio de 2002 como la más antigua del mundo.
- La primera vacuna contra la hepatitis B, por Pablo Valenzuela
- El primer CD elaborado masivamente en el mundo (por polygram, en agosto de 1982) contenía piezas de Chopin ejecutadas por Claudio Arrau. Fuente: Google answers.
- Mayor tiempo nadando: 72 horas continuas. Alejandro Retamal, en Talcahuano, el 4/3/02. Fuente: TVN
- Mario Kreutzberger es el presentador del espectáculo de variedades más duradero de la historia de la televisión: Sábado Gigantes, de 1962 a la fecha. Fuente: Guinness 2005
- Árbol con la mayor variedad de frutos producidos: damascos, cerezas, nectarines, ciruelas, y duraznos. Resutado de un injerto en un ciruelo realizado por Luis H. Carrasco, de Lo Barnechea. Fuente: Guinness 2005
- Venado más pequeño: el pudú, que mide entre 33 y 38 cm de alto -a la altura del hombro- y pesa hasta 8,2 kilos.
-Único presidente marxista electo democráticamente en la historia: Salvador Allende
- La palta de cascara negra es originaria de Chile. Fuente: wikipedia, gastronomia de Chile
- Set más largo y partido con más juegos (122) que se ha jugado en la historia del tenis: en la copa davis de 1973 entre Stan Smith y Erik van Dillen de USA contra Patricio Cornejo y Jaime Fillol, 39/37 a favor de USA, en 3 horas con 45 minutos. Fuente: página de la Davis.
Records pelmazos (aquellos que requieren sólo mucha voluntad y/o plata para lograrlos)
- A fines de los 60, a banda Los Jockers batió el récord de duración de una ejecución musical al tocar por 54 horas en un local de Feria del Disco.
- Pintura de mayor formato. Fuente: Mercurio 2006/9/10
- Verso más grande: casi 2 km de lienzo para escribir "Olor a puerto loco tiene Valparaíso" de Neruda, en Valparaiso en 2004. Fuente: Voanews
- Torta más grande: 25 toneladas
- Pisco Sour más grande: 12 mil litros
- Curanto más grande: 6 toneladas de mariscos
- Mayor asado: 300 corderos ¿Improbable?
- Mayor empanada: 3400 kilos
- Mayor tiempo de locución continua: 118 horas en el aire en la radioemisora Ciudad Puerto 88.9 FM de Lebu, por Cristián Vigor y Miguel Ángel Araneda
- Mayor chaleco: 7 metros de alto por 12 de ancho, La Ligua
- El choripán ¿o longaniza? más largo del mundo (183 metros).
- La clase de Kempo Karate más larga (24 hrs seguidas en el Centro Social, Cultural y Deportivo Carol Urzúa de la comuna de Santiago.Cada hora, un grupo de 4 integrantes se tomaba unos minutos para ir al baño, hidratarse y alimentarse).
- La pichanga de baby-futbol más larga (150 hrs).
- El beso más largo a un auto (En el marco de un concurso de radio Rock & Pop los participantes debian besar un auto por más de 72 hrs que era el anterior record mundial. El que aguantó más, se ganó el auto).
- La canción tocada más veces continuamente (Fue el primer dia de trasmisiones de radio Zero y tocaron durante 24 hrs la canción "Free As A Bird" de The Beatles).
- La transcripción de la Biblia más rápida del mundo (El 7 de enero del 2002, durante el VI Congreso Sudamericano Adventista, que se realizó en la localidad de Picarquín, en la VI Región, seis mil jóvenes provenientes de ocho países de América Latina escribieron en 16 minutos y medio, y a mano, el texto íntegro de la Biblia, considerando tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento).
- Mayor permanencia en el agua (144 hrs. Esto fue el 25 de enero de 2004 protagonizado por Alejandro Retamal en la Laguna Chica de San Pedro, Concepción).
- La mayor cantidad de patadas circulares a la altura de la cabeza en el menor tiempo: Abdón Valdebenito el 21 de marzo de 1998. 12.015 patadas circulares en cuatro horas.
- Mayor tiempo tocando la guitarra: 30 hrs 8 min, por Adrián La Mura. Partió el viernes a las 15.09 horas y terminó a las 21.18 del sábado 13 de agosto de 2005.
- Mayor tiempo disjockeando: 75 hrs el 1 de marzo de 2005 en Las Ruinas de Hunachaca, monumento histórico ubicado en el sector sur de Antofagasta.
Menciones honrosa
- Leontina Espinosa tiene el segundo lugar en número de hijos (55) tras una rusa del siglo XVIII que tuvo 69, pero hoy se duda del dato y se habla que sólo 16 fueron paridos por ella.
- Chile fue el segundo país del mundo en abolir la esclavitud (1811), tras Dinamarca.
- Contenemos un tramo de la carretera más larga del mundo: la panamericana.
- Segundo consumidor per cápita de pan (tras alemania) y tercero de gaseosas (tras USA y México)
Desmitificaciones de récords chilenos
- Chile NO es el país más largo: es Rusia. Ni siquiera es el país más largo en el sentido norte sur: es Canadá.
Fuente: foro Terrabike
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¿Cuál será el futuro de nuestros nietos?
Mirando a mis nietos jugando en el jardín, saltando como cabras, rodando por el suelo, y subiendo y bajando de los árboles, me surgen dos sentimientos. Uno de envidia, pues ya no puedo hacer nada de eso con las cuatro prótesis que tengo en los miembros inferiores. Y otro de preocupación: ¿a qué mundo tendrán que enfrentarse dentro de algunos años?
Los pronósticos de los especialistas más serios son amenazantes. Hay una fecha fatídica o mágica de la que hablan siempre: el año 2025. Casi todos afirman que si ahora no hacemos nada o no hacemos lo suficiente, la catástrofe ecológico-humanitaria será inevitable.
La lenta recuperación de la actual crisis económico-financiera que se nota en muchos países, todavía no significa una salida de ella. Solamente que terminó la caída libre. Vuelve el desarrollo/crecimiento, pero con otra crisis: la del desempleo. Millones de personas están condenadas a ser desempleados estructurales, es decir, que no volverán a ingresar en el mercado de trabajo, ni siquiera quedarán como ejército de reserva del proceso productivo. Simplemente son prescindibles. ¿Qué significa quedar desempleado permanentemente sino una muerte lenta y una desintegración profunda del sentido de la vida? Añádase además que hasta esa fecha fatídica están pronosticados de 150 a 200 millones de refugiados climáticos.
El informe hecho por 2.700 científicos «State of the Future 2009» (O Globo de 14.07/09) dice enfáticamente que debido principalmente al calentamiento global, hacia 2025, cerca de tres mil millones de personas no tendrán acceso a agua potable. ¿Qué quiere decir eso? Sencillamente, que esos miles de millones, si no son socorridos, podrán morir de sed, deshidratación y otras enfermedades. El informe dice más: la mitad de la población mundial estará envuelta en convulsiones sociales a causa de la crisis socio-ecológica mundial.
Paul Krugman, premio Nóbel de economía de 2008, siempre ponderado y crítico en cuanto a la insuficiencia de las medidas para enfrentar la crisis socioambiental, escribió recientemente: «Si el consenso de los especialistas económicos es pésimo, el consenso de los especialistas del cambio climático es terrible» (JB 14/07/09). Y comenta: «si actuamos como hemos venido haciéndolo, no el peor escenario, sino el más probable será la elevación de las temperaturas que van a destruir la vida tal como la conocemos».
Si probablemente va a ser así, mi preocupación por los nietos se transforma en angustia: ¿qué mundo heredarán de nosotros? ¿Qué decisiones se verán obligados a tomar que podrán significar para ellos la vida o la muerte?
Nos comportamos como si la Tierra fuese nuestra y de nuestra generación. Olvidamos que ella pertenece principalmente a los que van a venir, nuestros hijos y nietos. Ellos tienen derecho a poder entrar en este mundo mínimamente habitable y con las condiciones necesarias para una vida decente que no sólo les permita sobrevivir sino florecer e irradiar.
Los escenarios a los que nos hemos referido nos obligan a soluciones que cambian el cuadro global de nuestra vida en la Tierra. No sirve seguir ganando dinero con la venta del derecho a contaminar (créditos de carbono) y con la economía verde. Si el genio del capitalismo es saber adaptarse a cada circunstancia, siempre que se preserven las leyes del mercado y las oportunidades de ganancia, ahora debemos reconocer que esta estrategia no es ya posible. Precipitaría la catástrofe previsible.
Si queremos tener futuro, debemos partir de otras premisas: en vez de explotación, sinergia humanos-naturaleza, pues Tierra y humanidad forman un único todo; en lugar de competir, cooperar, base de la construcción de la sociedad con rostro humano.
Me dan alguna esperanza los teóricos de la complejidad, de la incertidumbre y del caos (Prigogine, Heisenberg, Morin) que dicen: en toda realidad funciona la siguiente dinámica: el desorden lleva a la auto-organización y a un nuevo orden, y así, a la continuidad de la vida en un nivel más alto. Porque amamos las estrellas no tenemos miedo de la oscuridad.
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Hommo Leo
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Se cierran las grandes alamedas

Polémica ha causado que nuestros esforzados y representativos legisladores se encuentran a punto de aprobar una ley en contra de las manifestaciones públicas. Esta ley apunta a hacer responsables a los organizadores de movilizaciones sociales de los desmanes que en estas puedan ocurrir, o sea si algún partido o movimiento social llama a movilizarse, éste debería costear los faros rotos, las bancas arrancadas, los barrenderos ocupados en recoger los escombros, e incluso las lacrimógenas y lumas quebradas que ocuparían carabineros en cada manifestación (el agua no se cobra, porque la sacan del río mapocho gratis).
Para los que no sean de chile y pasen de visita por este blog, les advierto que este país se encuentra en “democracia” hace ya casi 19 años, y que el gobierno de turno no esta políticamente relacionado con el dictador Pinochet, sino que se trata de la coalición que actuó como oposición durante la dictadura, es este gobierno cuya presidenta es del partido socialista el que implanta estas leyes que van en desmedro del derecho a libre reunión y expresión. Se coarta la facultad de poder reclamar, de poder hacer valer tus derechos, de mostrar una opinión de carácter publica, de protestar no en el individualismo que quiere esta sociedad, sino que formando con otras personas un solo cuerpo social.
Para muchos será una buena medida contra esos comunistas y antisistemas de mierda, que lo único que saben es destruir. Es así como los medios, debido a la constante criminalización de los actos públicos, han conformado esta particular forma de pensar, siendo visible tanto en el señor empresario como en la señora desdentada de la población. Se comienza a originar una criminalización al solo hecho de marchar por una causa común, haciendo que cada día se jibaricen más los derechos ciudadanos, es verdad que en ocasiones el lumpen realiza destrozos en espacios públicos, pero no pueden pagar “justos por pecadores”, las personas no pueden pagar su libertad de expresión por unos cuantos infiltrados en protestas.
Así es como el Estado se convierte en un Estado policial, que no acepta pataletas ni reproches de la sociedad, que individualiza y ejecutará leyes que subjetivan un terror y miedo en la ciudadanía. Ya no basta con la represión policial, con los guanacos y lacrimógenas, ahora además debe doler el bolsillo para que antes de protestar se piense dos veces, que antes de patalearle al Estado exista un miedo en el individuo, que este terror se arraigue e introyecte en cada persona, para que cada sujeto se las rasque como pueda en su casita, no formando parte de ningún grupo político o social. La ineptitud de carabineros y de la justicia, de no poder apresar y juzgar debidamente a los participantes en destrozos y daños a la propiedad publica y privada, no se efectúa en un cambio en la actitud o acciones de las instituciones antes nombradas, sino que se transita por el camino fácil, cagar a todo aquel que quiera protestar, una solución masiva que mata dos pájaros de un tiro.
Es así como el sueño de Allende, de que un día se abrirían las grandes alamedas va en picada, haciendo que a la hora de llamar a alguna protesta social, se deba realizar una “vaca” o un bingo a beneficio, en caso de que se infiltre algún anarko o paco destrozón, o que añadan a la cuenta de los convocantes semáforos y luminaria publica averiada anteriormente a los actos. Con lo que no cuentan los queridos legisladores, es que la multitud es un hombre sin nombre ni apellido, y menos con cuenta corriente, por lo que el derecho a mostrar una opinión en público va más allá de un convocante determinado, el “anónimo” va a comenzar a ser el nuevo señor que convoque a todas las protestas sociales de este “democrático” país llamado Shile.
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Publicado por
Hommo Leo
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12:27 AM
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La antigua guerra a muerte contra el mapuche
Dicen los que saben, que los más antiguos de los antiguos estaban hechos de lluvia azul. Y así caminaban por el mundo, pintando mariposas y océanos sin pausa, descansando sólo en las noches más oscuras alumbrándose de luciérnagas tiernas. Algunos dicen que, en realidad, eran dioses orlados de viento que buscaban la mejor tierra para sembrar sueños y, de pronto, sin previo aviso, en una tormenta imposible de relámpagos y volcanes fulgentes, se dibujó en toda su morena hermosura la primera lagmien mapuche. Toda esta tierra es tuya, le susurraron con fuego para que jamás nunca se le olvidara, ni a sus hijos, ni a los hijos de sus hijos. Y así a la gente de la tierra se les dio el Meli Witran Mapu – los cuatro puntos cardinales – para que allí hicieran el amor sin prisa y, también sin urgencia, compartieran los frutos de sus entrañas que eran, les dijeron, de todos y de nadie. Que aquí podrían construir su Mundo y su País, y les dieron choroyes y arrayanes, quilas y bandurrias, lagos y montañas, y en el centro de su corazón les dibujaron un río tan bello y tan azulado que daban ganas de llorar en las desconcertantes madrugadas de rocío virgen. Hilar su Mundo y su País, les dijeron, pero, con un dejo de tristeza y con descomunal pesadumbre, entornaron sus ojos de lluvia para advertirles que desde allende los mares vendrían de yelmo y alabardas para matarlos a todos en nombre de un dios ajeno. Que tuvieran cuidado, porque aquende la muerte se vestiría de uniforme chileno y argentino; y todo se lo dijeron en tiempos en que no existían ni Chile y Argentina, sino tan sólo el Wallmapu, el País Mapuche, su país de tierra fértil y pródiga y, por lo mismo, apetecible por forasteros de distinto signo.
Así, aún perplejos ante la posibilidad de que les arrebataran sus tierras y sus sueños que apenas comenzaban, los mapuche se abocaron a la tarea de irisar su Mundo sustentado en Itrofillmongen, la vida en su conjunto, la biodiversidad, el equilibrio, el respeto. Al bienestar en armonía le llamaron Küme Felen; Küme Mongen a la calidad de vida y Nor-Felen a la ley natural o autorregulación de la naturaleza de las distintas dimensiones del Mundo Mapuche donde habitan los hombres y las fuerzas de la vida desde tiempos inmemoriales. O desde todos los tiempos, que es el tiempo mapuche, el justo que necesitaron para construir el Wallmapu. El país mapuche, que oteaba dos océanos y dos cordilleras, se nutrió de la lluvia azul de los más antiguos de los antiguos y del Ad Mapu para iluminar a los nagche, wenteche, lafkenche, williche, pewenche o puelche, mapuche todos, gente de la tierra para que nunca se les olvide. Y es tan colosal su memoria que no pueden dejar de recordar, aunque quieran. Cuentan que había un anciano tan anciano que era la memoria misma. Vivía allá por Curarrehue con su familia, caballos y ovejas. Se iba orillando la cordillera cazando leones, perdiéndose semanas enteras, a veces meses, en búsqueda del tiro perfecto, porque el puma le destrozaba las ovejas en plena noche sin que nadie se percatara y eso no es justo, decía. Y recordaba cada oveja, cada gallina, cada yegua perdida a manos del león, las suyas y las ajenas, las de ahora y las de ayer, porque nunca hay que olvidar que el olvido es otra forma de morir, les espetaba a sus hijos y nietos alrededor del fogón de la ruka. El mismo lugar donde una noche de temporal les contó sin prevenirlos que conoció en persona a los antiguos de lluvia azul que, incluso, les rozó la piel de agua cuando en una noche de tormenta como ésta quiso averiguar los insondables misterios de los orígenes más remotos del universo. Y supo que desde el cielo cayeron rocas fulgurantes que formaron volcanes y montañas, que de las lágrimas de las estrellas nacieron lagos y ríos tornasoles y que al paso desnudo de la primigenia mujer mapuche nacieron flores bermejas y pájaros encinta. Supo, también, porque lo vio con sus propios ojos, que los mapuche sufrieron el formidable castigo de Chau Ngenechen por haber infringido los principios del Ad Mapu. Y llovió tanto que los mapuche lloraron desconsoladamente, lo que hizo subir aún más las arremolinadas aguas. Entonces más lloraban de pavor y arrepentimiento y más subían los mares y los lagos y los ríos. Se oscureció el cielo con tal fuerza que los aterrados mapuche sólo vieron tinieblas en el horizonte para siempre, dijo el anciano mientras observaba caviloso las lenguas de fuego que crepitaban en medio del invierno. Porque lo vio, nadie se lo contó, porque era la memoria misma, la brasa de una cultura tan antigua como su tierra, pensaron silentes los niños que soñaban con cazar leones por las gargantas andinas.
De pronto, murmuró el anciano, hubo tal estruendo que la tierra se abrió en dos y el agua arrastró a todos los mapuche mar adentro, convirtiéndolos en peces añiles y piedras negras. Parece que se murió un instante el sol, reflexionó, pues cuando abrí nuevamente los ojos asomaron en la cima más alta del monte más alto cuatro mapuche ateridos de frío que decían algo así como: nunca más, lo prometemos, Chau Ngenechen. Nunca más. Un anciano y una anciana, un joven y una joven, eran. Y los niños escuchando fascinados cómo de la muerte renacía la vida, y el abuelo que lo ha visto todo, recordando con amargura el día inclemente cuando su pueblo casi perece ahogado. Pero sobrevivió, para levantarse en todos los rincones del Wallmapu sin olvidar jamás la terrible lucha entre los poderes de la tierra y el mar que, a fin de cuenta, son los estertores del desequilibrio de la Ñuke Mapu ofendida por el egoísmo del hombre. Y el más grande egoísmo arribó desde Europa ataviado de coraza, rodela, cota de malla, casco y calzón de rojo terciopelo, hediendo a viaje de galeón. Y para matar traían sus enfermedades y sus armas: espadas, arcabuces, caballos, cañones, lanzas, ballestas, montantes. Traían la más implacable de las guerras y a un dios blanco de ojos azules que supervisaba diligente masacres y esclavitudes, violaciones y estupros por doquier. Yo sentí la glacial ferocidad de su mirada, cuenta el anciano de Curarrehue, una tarde de primavera cuando quise preguntarle el por qué de tanta crueldad. ¿Es que no les basta con sus propias tierras y sus propios animales?, dije yo con mi palabra. Es mi tierra, gritó con voz atronadora, mi acuarela, mi escultura, mi aguafuerte, mi arpillera, mi vitral, mi mosaico, mi libro abierto, mi orgasmo cósmico. Mi propiedad.
¿Y qué es propiedad?, le interrogué desconcertado. Me miró con desprecio desde las alturas de su ciclópeo porte para reír burlesco: todo lo que no se puede tocar por los siglos de los siglos, amén. ¿Y qué no se puede tocar por los siglos de los siglos, amén, inquirí? Aún con desdén y molesto por haberle interrumpido su siesta, vociferó: los bosques, la tierra, los lagos, los ríos, las montañas, el cobre, la plata, el carbón, los mares, los peces, el aire, los pájaros, el agua, las ruka, los caballos, las gallinas, los pavos, los corderos, el trigo, los chícharos, el merken, las plantas, las cascadas, las risas, las manos, las piernas, el amor, los dientes, los vientres maternos y sus hijos, los sueños, la muerte. Todo lo que es riqueza o puede convertirse en riqueza, rubricó desganado.
Pero, declaré y reclamé, al tiempo que le miraba fijamente a los ojos, turbios como el río en invierno, los más antiguos de los antiguos nos dieron el Meli Witran Mapu para que hiciéramos el amor sin prisa y, también sin urgencia, compartiéramos los frutos de sus entrañas que eran, nos dijeron, de todos y de nadie. Que aquí podríamos construir nuestro Mundo y nuestro País. Y así lo hicimos entre dos océanos, sin premura y sin propiedad alguna, que no la conocíamos; y los pájaros anidaban en cualquier árbol, los lagos se posaban en inesperados recovecos, mientras los ríos fluían sin pausa por entre ventisqueros, bosques y acantilados para besar atónitos el mar, que era también el mar de todos. Y de todos la tierra que se podía tocar por los siglos de los siglos, amen. Es mi palabra, dije, y en ese preciso momento, desde la profundidad de su garganta de plata, brotaron alambres de púa, fusiles, aserraderos, colonos, militares, reducciones, asesinatos, torturas, exilios, migraciones, policías, matanzas y países ignotos que clavaron sus banderas de seda en el corazón del Wallmapu. Entonces, nada fue jamás igual y el anciano con su memoria a cuestas se refugió en la cordillera, pero ya no pudo cazar pumas, porque lo persiguieron, lo acorralaron, lo redujeron, lo radicaron a la fuerza y lo asesinaron a la fuerza en nombre de la civilización. Le usurparon el País Mapuche y le pulverizaron el Mundo Mapuche en nombre de la razón, de la riqueza y de aquella propiedad de la cual hablaba el dios extraño que gritaba la barbarie de los indios.
Y los indios se guarecieron en sus silencios de indio para enfrentarse al egoísmo wingka, mientras bajo las piedras, en los recodos de los ríos, en las copas de los árboles, en los contrafuertes cordilleranos y en el fondo del mar, guardaban sus palabras, sueños, memorias, anuncios y denuncias, virtudes y vilezas, victorias y derrotas, amores y desamores, cantos y bailes, los primeros y los últimos pasos. Con especial cuidado escondieron el mapudungun, su lengua, y el origen del mundo y las leyes de la naturaleza. Todo, según cuentan, en un volcán en llamas donde sólo los kimche conocieron del secreto para evitar que el kimun mapuche ardiera en brasas y ceniza. Fue tal su sapiencia que, en las noches más opacas, desde sus ruka, sus campos y sus montes, salían sigilosos hombres, mujeres, ancianos y niños para dirigirse al volcán de la memoria. Allí recuperaban palabras, ritos, nombres, historias y, por sobre todo, el sueño de libertad que les mantenía vivos mientras el wingka les horadaba el alma. Los mapuche se negaban a morir o desaparecer en la ira de los vientos despiadados que venían del norte a lomo de caballo, en cureñas, de quepís, de sable y bayoneta, de fusil y revolver. Venían de la guerra para hacer otra guerra: de la civilización contra la barbarie, de la chilenidad contra la mapuchidad.
Guerra a muerte, hermano, que se entronizó en el País Mapuche ocupado por la fuerza armada. Guerra a muerte, hermano, que se acuarteló en el Mundo Mapuche ocupado por la violencia chilena. Y a nuestro territorio expoliado le llamaron frontera, cuando, en realidad, la frontera eran ellos; nos llamaron salvajes cuando, en realidad, los bárbaros eran ellos. Le denominan el conflicto mapuche, cuando en realidad el conflicto es de ellos que temen reconocer su indianidad.
Hoy nos llaman terroristas, cuando el terror lo siembran ellos en las comunidades con sus allanamientos y golpizas y bombas lacrimógenas y balazos y muertos. Porque los chilenos comenzaron a asesinar mapuche en el siglo diecinueve, prosiguieron en el siglo veinte y continúan en el siglo veintiuno. Matías Catrileo, Alex Lemun y Jaime Mendoza cayeron en nuestro país ocupado por la fuerza militar. Es por la propiedad que no conocíamos, por los árboles y las aguas, los minerales, los peces, los pájaros. Y la tierra que nos dieron para siempre los más antiguos de los antiguos allá en Collipulli, Temucuicui, Lumako, Neltume. Liquiñe, Lleu-Lleu, Cuyinco, Tirua, en la costa, en la montaña, en los valles, nos dieron, para construir el País Mapuche y el Mundo Mapuche. Es mi palabra, para que nos dejen en paz y simplemente ser lluvia o tierra o mar, dijo el anciano de Curarrehue que es la memoria misma y que caminaba por el sur del mundo mucho antes que los chilenos.
Tito Tricot / Sociólogo Director Centro de Estudios de América Latina y el Caribe (CEALC)
Fuente: The clinic
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Publicado por
Hommo Leo
en
10:27 PM
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