
Al lado de la entrada de la fonda ya hay un huevón botado en el suelo, parece que es el “Bob esponja”, le hago el quite y entro al recinto. El interior está lleno, mesas por las orillas y en el centro una improvisada pista de baile, donde se levanta una gran polvadera debido a los zapateos de los danzantes al ritmo de la cueca. Por arriba de las cabezas se cruzan un sin fin de banderitas chilenas y guirnaldas tricolores que dan el ambiente dieciochero a la fonda. En el escenario está tocando el grupo folclórico municipal, donde todos son parientes.
Me paro en la entrada y comienzo a ver el ambiente, en una mesa está el alcalde con su señora, y alrededor los chupamedias de siempre. El cura en la misma mesa mirando con espanto la montonera de curados y los meneos coquetos de las viejas que hacen catecismo. En otra mesa está el patrón con su poncho de 100 lucas, sus polainas de cuero y sus espuelas de plata, (pienso que todo ese traje cuesta como 3 sueldos míos) con su señora estirada y la montonera de pendejos rubios. En la misma mesa está la juanita, que trabaja de nana para ellos, “que negra mas linda” me digo… quedo mirándola como huevón, ella también me mira y me sonríe tímidamente. Pienso en sacarla a bailar cueca, pero llegar recién y hacer eso ser muy desesperado, mejor me hago el interesante un rato.
En la mesa de al fondo están todos mis compadres, el chuleta, el pat’e jaiva, el joselo y el mala suerte, alrededor de una mesa como con quince botellas de vino, ya varios están arriba de la pelota y al verme todos me saludan diciéndome “güena negrito, como tamos”. Pido otra botella de vino, y tomamos juntos para olvidarnos un poco de la pega del campo y reírnos un rato de la vida. Con media botella de pipeño me entra el valor al cuerpo, y con el ánimo de los cabros, me decido a invitar a bailar a la “negra”. Me paro, saco la peineta del bolsillo trasero del pantalón, me echo una media peiná, me arreglo el terno (que me compré pa’l casamiento de mi primo) y cuando iba a dar el primer paso, justo la saca a bailar el administrador del fundo.
Se me cae la cara, porque ese roto hace tiempo que le tiene ganas a la juanita. Anda con el traje de huaso de salón y el loco se cree bacán, pero al verlos bailar cacho que ella no le coquetea tanto, y que no tiene brillo pa’ bailar la cueca, “tiene menos ritmo que el Lagos Weber” me dice el joselo. Termina la cueca, ella me queda mirando fijo y se va a sentar. “esta es la mía” me digo, un escupito en los zapatos, y me dirijo hacia la “negra”. El camino hacia su mesa se hace eterno, me transpiran las manos, pero tengo que hacerlo nomás. Al llegar a su lado, con simulada seguridad le digo “juanita, quiere bailar conmigo” y ella acepta tomándome del brazo inmediatamente.
Damos el paseo y la dejo en su lugar. Me mira fijo y se esconde tras el pañuelo, yo aplaudo fuerte y taconeo con los zapatos, comienzan a cantar la consentida y damos la primera vuelta, la miro fijo, ella se arranca y yo le tomo la cintura, trato de verme achora’o, le sonrió y la miro directo a los ojos. El escobillado lo exagero harto, ella se levanta su falda, mostrándome las morenas piernas y sonriéndome con sus dientes perfectos. Damos la vuelta pa’l zapateo, y me luzco zapateando como roto, sacando una tremenda polvadera. Damos la vuelta final y terminamos agarrados bien fuerte de la cintura. Ella me da un suave beso en la mejilla, y yo le respondo diciéndole al oído “te quiero negra”. La tomo de la mano y nos dirigimos a un lugar más tranquilo, “vamos a bailar una última patita, pero no en ésta fonda” le digo, ella sonríe y me abraza mientras caminamos.
1 Han pasado por aquí:
Hola Leo!!!
Solo queria felicitarte por el cuento, esta muy bueno, lo hago ahora por que antes no lo hice y de verdad lo keria, esta buenisimo!!!
Saludos
Caro
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