Ésta debe ser la expresión de la mayoría de los abuelos que lograron vencer la batalla contra el señor invierno y las enfermedades que éste trae consigo. Septiembre es el mes en que las heladas y días fríos se van disipando (aunque estos días han estado bastante llovidos) y los rayos del sol ya comienzan a sentirse en nuestra piel.
La etapa de la vida en que nos ponemos viejos, es una etapa complicada, es una batalla constante que no sólo se realiza la primera mitad del año, sino que todo éste. La gran mayoría de los ancianos de nuestro país vive con una pensión miserable, por no decir de mierda, que no alcanza para el alto estándar de vida que se ha ido formando en las últimas décadas. Personas que dedicaron toda su vida a laborar, que gastaron toda su fuerza de trabajo para ganar el pan de cada día, que se sacaron la chucha deben estar mendigando subsidios, ayudas del gobierno y demáses. Si la providencia los acompaña, los hijos que criaron se sentirán motivados a darle alguna ayuda, y una que otra visita. Pero sino, son dejados en asilos como quien deja un canino en las puertas de la perrera, como una bolsa de desperdicio que ya no sirve.
Es que la visión de mundo en que nos encontramos, sólo ve humanidad y vida en aquello que es productivo y afín al sistema, pero esos individuos que no producen y que no consumen, son un estorbo, un cacho por el cual no vale la pena algún esfuerzo humanitario o política para su beneficio. En otras culturas, el anciano es jefe de la tribu, es la máxima autoridad, el representante de la sabiduría, el pater famili, el papá pitufo. En la nuestra, ese hombre de rostro y manos arrugadas, de mirada cansada y pelo albo, es un ser indefenso y desamparado, es un adulto que vuelve a la niñez, que necesita la atención de los que lo rodean, siendo una preocupación más que no cabe dentro de nuestra concepción individualista.
Comencé el texto con unas palabras alegres y coloridas, pero en el camino se fueron tornando grises y deprimentes (no soy emo por sea caso). Es que la vida a veces se torna así, en la niñez vivimos felices y sin preocupaciones, pero al pasar los años nos vamos llenando de responsabilidades, hasta llegar al cansancio y soledad de los últimos días. La sociología vio en el tema de la ancianidad un fenómeno importante, ya que las sociedades se están volviendo “viejas” rápidamente, debido a esto que las políticas sociales van apuntando hacia esas direcciones. Pero no bastan, no son suficientes, siendo una gran cantidad de longevos los que viven de manera inhumana y deprimente. La preocupación por ellos debe ser de parte de todos, porque todos vamos para allá como dicen, alguna vez entraremos en la batalla para pasar agosto.
"Las arrugas del espíritu nos hacen más viejos que las de la cara"
Michel Eyquem de Monaigne
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