“¡La Comuna, exclaman, pretende abolir la propiedad, base de toda civilización! Si, caballeros, la Comuna pretendía abolir la propiedad de clase que convierte el trabajo de muchos en la riqueza de unos pocos. La comuna aspiraba a la expro-piación de los expropiadores. Quería convertir la propiedad individual en una realidad, transformando los medios de producción –la tierra y el capital- que hoy son fundamentales medios de exclavi-zación y de explotación del trabajo, en simples instrumentos de trabajo libre y asociado”
Cuando comenzó la guerra civil en Francia, Marx estuvo expectante a todo tipo de movimiento y acciones que realizaba la clase obrera francesa. Cuando “explotó” la revolución de los trabajadores franceses, y se tomaron la Comuna de París, es un hecho que no sólo marcará particularmente a Karl Marx, sino que a todos los anarquistas, marxistas y socialistas hasta la actualidad.
Como dice la cita superior, lo que buscaba la Comuna era abolir todo tipo de apropiación burguesa, de libertad de los individuos, la justicia, todo aquello por lo que Marx luchaba, y planteaba en sus escritos políticos y filosóficos. Para el autor fue un hecho muy trascendental la toma de la Comuna de París, porque no pretendía hacer una revolución “reformista”, donde los obreros tomaran posesión de los aparatos públicos y los ocuparan sólo para los fines de algunos. No pretendía ser como la pasada revolución francesa (1830), donde; “al dar como resultado el paso del Gobierno de manos de los terratenientes a manos de los capitalistas, lo que hizo fue transferirlo de los enemigos más remotos a los enemigos más directos de la clase obrera” . Como vemos, la comuna aspiraba a algo más allá de los siempre visto, buscaba comunismos, una comunidad libre y sin propiedad privada.
Para lograr esto, tuvieron que romper las cadenas impuestas por las clases dominantes, librarse de toda emancipación subyugada a la conciencia, y por sobre todo, reconocerse en el compañero y hermano, viéndolo como un hombre integro y dueño de su propia revolución. Marx, en su texto “Manuscritos económicos - filosóficos de 1844”, en el capítulo sobre el trabajo enajenado, trata de manera profunda y cabal lo referente a la aparición de la propiedad privada, y lo necesario para poder salirse (o luchar) por la subyugación y esclavismo que impulsan las clases dominantes sobre los obreros.
Marx, en primera instancia, hace una feroz crítica a la economía política, en el sentido que ésta solo se preocupa de captar el proceso material de la aparición de la propiedad privada, pero no es capaz de demostrar el proceso que constituye este hecho, la labor que realiza la clase dominante (en el sentido de la apropiación) y la consecuencia que trae para una clase dominada, en fin de cuentas, una lucha de clases. Para el autor, la propiedad privada y todos sus efectos correspondientes, (llámese la separación del trabajo, capital y tierra, la de salario, beneficio del capital, renta de la tierra, plusvalía) hacen que el obrero caiga en una miseria, tanto material como mental, donde se le desconoce se deshumaniza totalmente. El autor plantea que; “hemos demostrado que el trabajador queda rebajado a mercancía, a la más miserable de todas las mercancías; que la miseria del obrero está en razón inversa de la potencia y magnitud de su producción”
El trabajo para Marx, es un proceso dialéctico de relación con la naturaleza, es una relación que media, transforma, y se realiza en la naturaleza. Al transformar la naturaleza exterior de él, se transforma al mismo tiempo, su propia naturaleza. Pero el hombre no es lo mismo que los animales, el proceso de transformar la naturaleza para el hombre, es totalmente diferente para como lo hace un perro, un gato, etc. Cuando una araña teje una tela, lo hace de manera meramente instintiva, a diferencia el ser humano, que pone en el tejer una subjetividad y racionalidad, desarrollando algo que tenía en su cabeza, (como un chaleco) para satisfacer una necesidad, a través de una voluntad idealizada mental y previamente.
Es por eso que, cuando critica Marx a la propiedad privada (y la economía política como forma débil y trivial de explicarla), lo hace en el sentido de que ésta, modifica los pensamientos y comportamientos naturales del hombre. El trabajo ya no es de la misma forma como se realizaba en las primeras comunidades, sino que éste evolucionó con la aparición de la propiedad privada, y siguió evolucionando, naciendo nuevos derivados de esta forma económica. Existe pues, una desvalorización del mundo humano, y de todo lo realizado por él. Ya el hombre no ve el trabajo como una forma de extender su cuerpo hacia otro, ni tampoco de un proceso de realización de ser humano como tal. Para Marx; “el trabajo no sólo produce mercancías; se produce también a sí mismo y al obrero como mercancía, y justamente en la proporción en que produce mercancías en general” . El trabajador al producir, se produce a sí mismo, pero en la sociedad capitalista (bajo el alero de la propiedad privada obviamente), el producto elaborado por él, se le es expropiado por el patrón burgués (es por esto principalmente que luchaban los trabajadores de la Comuna de París). El hombre ya no ve ese proceso dialéctico que sentía con la naturaleza y las transformaciones que realizaba, para él “el objeto que el trabajo produce, su producto, se enfrenta a él como un ser extraño, como un poder independiente del productor” .
Para el obrero moderno, el proceso del trabajo ya no es el mismo, aparece “la objetivación como pérdida del objeto y servidumbre a él, la apropiación como extrañamiento, como enajenación” . Esto hace que el hombre objetivado, ya no solo ve el producto como un objeto fuera de él, sino que a su vez, sufre un extrañamiento de su trabajo, lo que el obrero produce y realiza lo ve como algo fuera de él también. Esto es lo que el autor critica a su vez de la economía política, en que ésta no ve el enajenador del trabajo, porque no es capaz de ver la relación intrínseca entre el trabajador (trabajo) y la producción. Dicho esto, es necesario plantear que el trabajador ya no ve el trabajo como una necesidad vital de su condición de ser humano, sino que lo ve como un mero medio para satisfacer las necesidades externas a la parte laboral. La deshumanización con respecto a su propia humanidad (al dejar de ver el trabajo como necesidad), produce como consecuencia, que el individuo vea al otro en la misma forma que se ve a sí mismo. En otras palabras, deja de ver la humanidad del otro individuo, tal como la deja de ver en sí mismo, naciendo un proceso de extrañamiento con el otro.
Es por eso, que al igual que en la Comuna de París, el hombre debe luchar por derrotar todas aquellas condiciones a la cual ha sido sometido por la causa de la propiedad privada. Todo los productos y realizaciones del hombre, no se van al cielo ni a ningún otro lado, que no sea el propio hombre. Como dice Marx: “El ser extraño al que pertenecen a trabajo y el producto del trabajo, a cuyo servicio está aquél y para cuyo placer sirve éste, solamente puede ser el hombre mismo” . Son las cegueras impuestas por la sociedad moderna (en especial por las clases dominantes) que no lo dejan darse cuenta de la propia realidad en la que está viviendo. Que el hombre tiene la capacidad de transformar al mundo, y en sus manos las armas para luchar en contra de su explotación. Que desde una forma de trabajo cooperativo, y de respeto entre los individuos, se pueden lograr muchas más cosas que imponiéndolas. Al igual que en una Comuna de París, donde los obreros fueron capaces de luchar contra la apropiación burguesa, donde se unieron contra la propiedad privada; “La propiedad privada como expresión resumida, material, del trabajo enajenado abarca ambas relaciones, la relación del trabajador con el trabajo, con el producto de su trabajo y con el no trabajador, y la relación del no trabajador con el trabajador y con el producto de su trabajo.” .
Lo importante es no interpretar el mundo, sino que transformarlo como veíamos en líneas superiores, y lo obreros de la comuna se salieron de la sola teoría para comenzar con la praxis. Personas que creyeron romper con lo anterior, con las vendas que tapaban sus ojos, y se atrevieron a encausarse en una ideología que luchara por el bien común. Como planteó de mejor forma Karl Marx; “El París de los obreros, con su Comuna, será eternamente ensalzado como heraldo glorioso de una nueva sociedad. Sus mártires tienen su santuario en el gran corazón de la clase obrera. Y a sus exterminadores la historia los ha clavado ya en una picota eterna, de la que no lograrán redimirlos todas las preces de su clerigalla”
Cuando comenzó la guerra civil en Francia, Marx estuvo expectante a todo tipo de movimiento y acciones que realizaba la clase obrera francesa. Cuando “explotó” la revolución de los trabajadores franceses, y se tomaron la Comuna de París, es un hecho que no sólo marcará particularmente a Karl Marx, sino que a todos los anarquistas, marxistas y socialistas hasta la actualidad.
Como dice la cita superior, lo que buscaba la Comuna era abolir todo tipo de apropiación burguesa, de libertad de los individuos, la justicia, todo aquello por lo que Marx luchaba, y planteaba en sus escritos políticos y filosóficos. Para el autor fue un hecho muy trascendental la toma de la Comuna de París, porque no pretendía hacer una revolución “reformista”, donde los obreros tomaran posesión de los aparatos públicos y los ocuparan sólo para los fines de algunos. No pretendía ser como la pasada revolución francesa (1830), donde; “al dar como resultado el paso del Gobierno de manos de los terratenientes a manos de los capitalistas, lo que hizo fue transferirlo de los enemigos más remotos a los enemigos más directos de la clase obrera” . Como vemos, la comuna aspiraba a algo más allá de los siempre visto, buscaba comunismos, una comunidad libre y sin propiedad privada.
Para lograr esto, tuvieron que romper las cadenas impuestas por las clases dominantes, librarse de toda emancipación subyugada a la conciencia, y por sobre todo, reconocerse en el compañero y hermano, viéndolo como un hombre integro y dueño de su propia revolución. Marx, en su texto “Manuscritos económicos - filosóficos de 1844”, en el capítulo sobre el trabajo enajenado, trata de manera profunda y cabal lo referente a la aparición de la propiedad privada, y lo necesario para poder salirse (o luchar) por la subyugación y esclavismo que impulsan las clases dominantes sobre los obreros.
Marx, en primera instancia, hace una feroz crítica a la economía política, en el sentido que ésta solo se preocupa de captar el proceso material de la aparición de la propiedad privada, pero no es capaz de demostrar el proceso que constituye este hecho, la labor que realiza la clase dominante (en el sentido de la apropiación) y la consecuencia que trae para una clase dominada, en fin de cuentas, una lucha de clases. Para el autor, la propiedad privada y todos sus efectos correspondientes, (llámese la separación del trabajo, capital y tierra, la de salario, beneficio del capital, renta de la tierra, plusvalía) hacen que el obrero caiga en una miseria, tanto material como mental, donde se le desconoce se deshumaniza totalmente. El autor plantea que; “hemos demostrado que el trabajador queda rebajado a mercancía, a la más miserable de todas las mercancías; que la miseria del obrero está en razón inversa de la potencia y magnitud de su producción”
El trabajo para Marx, es un proceso dialéctico de relación con la naturaleza, es una relación que media, transforma, y se realiza en la naturaleza. Al transformar la naturaleza exterior de él, se transforma al mismo tiempo, su propia naturaleza. Pero el hombre no es lo mismo que los animales, el proceso de transformar la naturaleza para el hombre, es totalmente diferente para como lo hace un perro, un gato, etc. Cuando una araña teje una tela, lo hace de manera meramente instintiva, a diferencia el ser humano, que pone en el tejer una subjetividad y racionalidad, desarrollando algo que tenía en su cabeza, (como un chaleco) para satisfacer una necesidad, a través de una voluntad idealizada mental y previamente.
Es por eso que, cuando critica Marx a la propiedad privada (y la economía política como forma débil y trivial de explicarla), lo hace en el sentido de que ésta, modifica los pensamientos y comportamientos naturales del hombre. El trabajo ya no es de la misma forma como se realizaba en las primeras comunidades, sino que éste evolucionó con la aparición de la propiedad privada, y siguió evolucionando, naciendo nuevos derivados de esta forma económica. Existe pues, una desvalorización del mundo humano, y de todo lo realizado por él. Ya el hombre no ve el trabajo como una forma de extender su cuerpo hacia otro, ni tampoco de un proceso de realización de ser humano como tal. Para Marx; “el trabajo no sólo produce mercancías; se produce también a sí mismo y al obrero como mercancía, y justamente en la proporción en que produce mercancías en general” . El trabajador al producir, se produce a sí mismo, pero en la sociedad capitalista (bajo el alero de la propiedad privada obviamente), el producto elaborado por él, se le es expropiado por el patrón burgués (es por esto principalmente que luchaban los trabajadores de la Comuna de París). El hombre ya no ve ese proceso dialéctico que sentía con la naturaleza y las transformaciones que realizaba, para él “el objeto que el trabajo produce, su producto, se enfrenta a él como un ser extraño, como un poder independiente del productor” .
Para el obrero moderno, el proceso del trabajo ya no es el mismo, aparece “la objetivación como pérdida del objeto y servidumbre a él, la apropiación como extrañamiento, como enajenación” . Esto hace que el hombre objetivado, ya no solo ve el producto como un objeto fuera de él, sino que a su vez, sufre un extrañamiento de su trabajo, lo que el obrero produce y realiza lo ve como algo fuera de él también. Esto es lo que el autor critica a su vez de la economía política, en que ésta no ve el enajenador del trabajo, porque no es capaz de ver la relación intrínseca entre el trabajador (trabajo) y la producción. Dicho esto, es necesario plantear que el trabajador ya no ve el trabajo como una necesidad vital de su condición de ser humano, sino que lo ve como un mero medio para satisfacer las necesidades externas a la parte laboral. La deshumanización con respecto a su propia humanidad (al dejar de ver el trabajo como necesidad), produce como consecuencia, que el individuo vea al otro en la misma forma que se ve a sí mismo. En otras palabras, deja de ver la humanidad del otro individuo, tal como la deja de ver en sí mismo, naciendo un proceso de extrañamiento con el otro.
Es por eso, que al igual que en la Comuna de París, el hombre debe luchar por derrotar todas aquellas condiciones a la cual ha sido sometido por la causa de la propiedad privada. Todo los productos y realizaciones del hombre, no se van al cielo ni a ningún otro lado, que no sea el propio hombre. Como dice Marx: “El ser extraño al que pertenecen a trabajo y el producto del trabajo, a cuyo servicio está aquél y para cuyo placer sirve éste, solamente puede ser el hombre mismo” . Son las cegueras impuestas por la sociedad moderna (en especial por las clases dominantes) que no lo dejan darse cuenta de la propia realidad en la que está viviendo. Que el hombre tiene la capacidad de transformar al mundo, y en sus manos las armas para luchar en contra de su explotación. Que desde una forma de trabajo cooperativo, y de respeto entre los individuos, se pueden lograr muchas más cosas que imponiéndolas. Al igual que en una Comuna de París, donde los obreros fueron capaces de luchar contra la apropiación burguesa, donde se unieron contra la propiedad privada; “La propiedad privada como expresión resumida, material, del trabajo enajenado abarca ambas relaciones, la relación del trabajador con el trabajo, con el producto de su trabajo y con el no trabajador, y la relación del no trabajador con el trabajador y con el producto de su trabajo.” .
Lo importante es no interpretar el mundo, sino que transformarlo como veíamos en líneas superiores, y lo obreros de la comuna se salieron de la sola teoría para comenzar con la praxis. Personas que creyeron romper con lo anterior, con las vendas que tapaban sus ojos, y se atrevieron a encausarse en una ideología que luchara por el bien común. Como planteó de mejor forma Karl Marx; “El París de los obreros, con su Comuna, será eternamente ensalzado como heraldo glorioso de una nueva sociedad. Sus mártires tienen su santuario en el gran corazón de la clase obrera. Y a sus exterminadores la historia los ha clavado ya en una picota eterna, de la que no lograrán redimirlos todas las preces de su clerigalla”
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Linkografía;
- http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/44mp/1.htm (revisado el 28/06/2007)
- La Guerra civil en Francia. http://www.marx2mao.com/M2M(SP)/M&E(SP)/CWF71s.html#PM,
(revisado el 28/06/2007)
marxismo
sociología
ciencias+sociales
2 Han pasado por aquí:
La Comuna de Paris de 1871 es la crónica del primer fracaso, de muchos que le seguirían, del comunismo en la historia, como siempre, a un precio de sangre y muerte.
TE AMO MUXISIMO COMPAÑERO...
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