
En ocasiones, historias sencillas pueden ocultar una trama realmente profunda y de originalidad que se extraña en los tiempos actuales. Este es el caso de “el experimento” (das Experiment), película alemana que narra la historia un taxista que se presenta a un experimento psicológico, en donde un conjunto de sujetos de diversos orígenes será dividido en dos grupos para interpretar a “carceleros” y “prisioneros”. A cada agrupación se les otorgan reglas claras, para mantener una convivencia, digámoslo “sana”.
La gracia de éste film es que aunque es una narración simple, la dirección del filme y sobre todo, las actuaciones de los actores, producen al espectador una angustia e impotencia constante. Todo comienza como un juego de niños, donde todos traviesan y transforman el experimento en algo casi lúdico, pero luego se comienza a desvirtuar la relación, debido a la “lucha de poderes”, como lo apuntan en la película. El simulacro de cárcel se torna angustioso, los presos (en especial el taxtista protagonista) provocan constantemente a los simuladores de guardias, y estos responden con ofensivas aún más poderosas. Lo de simulacro pasa a un segundo plano, ya que el experimento realizado en este microuniverso se va de las manos de los científicos, volviéndose una realidad que muestra lo más oscuro y vil de la especia humana.
Esta película intenta mostrar la verdadera cara del ser humano, a través de una narrativa generalmente lineal, pero no extensa de anacronías, ya que entre ellas se presencian una seguidilla de analepsis que se refiere a “toda evocación posterior de un suceso anterior al punto de historia” . Esta herramienta temporal se presenta en el relato en forma de recuerdos del protagonista, cuando se encuentra al interior del experimento. Estas evocaciones intentan explicar la relación que sostiene con una desconocida que conoce en un choque, y su intención es tratar de sacar o traer recuerdos agradables a una prisión ficticia, pero que cada vez se torna más real y violenta.
La segunda mitad de la película viene a ratificar lo que se vislumbra en la primera; depresiones, abusos, egoísmo, humillaciones, violencia extrema, que finaliza con una verdadera masacre debido a los roles adquirido en la ficticia prisión. La violencia no sólo existe en los sujetos observados a través de las cámaras, sino que también existe una violencia simbólica por parte de los científicos observantes, ya que como si fuese un reallity show, miran con morbo como los sujetos se destruyen y desvirtúan cada día mas, sin hacer nada por intervenir. La ciencia se muestra como violencia legitimada, ya que ésta objetividad científica viene a ser el verdadero asesino de los “conejillos de india”.
Como planteaba, este relato no es particularmente alentador, el ser humano pareciera estar condenado a la lucha por la supervivencia, la violencia, el poder y el afán de territorialidad y superioridad sobre el otro. El experimento nos hace pensar que, las jaulas, saca a su máxima expresión la animalidad contenida en el ser humano, el deseo de sangre y violencia. Sólo algunos personajes, intentan mantener una pizca de humanidad en un bosque sapiente, siendo solidarios y preocupándose por su par, a pesar del ambiente frío e inhumano que recorre cada centímetro del set. Aunque en el texto fílmico no se observa la presencia de un narrador explícito, creo que éste hubiese resumido todo con la máxima Hobbesiana de que “homo homini lupus”.
La gracia de éste film es que aunque es una narración simple, la dirección del filme y sobre todo, las actuaciones de los actores, producen al espectador una angustia e impotencia constante. Todo comienza como un juego de niños, donde todos traviesan y transforman el experimento en algo casi lúdico, pero luego se comienza a desvirtuar la relación, debido a la “lucha de poderes”, como lo apuntan en la película. El simulacro de cárcel se torna angustioso, los presos (en especial el taxtista protagonista) provocan constantemente a los simuladores de guardias, y estos responden con ofensivas aún más poderosas. Lo de simulacro pasa a un segundo plano, ya que el experimento realizado en este microuniverso se va de las manos de los científicos, volviéndose una realidad que muestra lo más oscuro y vil de la especia humana.
Esta película intenta mostrar la verdadera cara del ser humano, a través de una narrativa generalmente lineal, pero no extensa de anacronías, ya que entre ellas se presencian una seguidilla de analepsis que se refiere a “toda evocación posterior de un suceso anterior al punto de historia” . Esta herramienta temporal se presenta en el relato en forma de recuerdos del protagonista, cuando se encuentra al interior del experimento. Estas evocaciones intentan explicar la relación que sostiene con una desconocida que conoce en un choque, y su intención es tratar de sacar o traer recuerdos agradables a una prisión ficticia, pero que cada vez se torna más real y violenta.
La segunda mitad de la película viene a ratificar lo que se vislumbra en la primera; depresiones, abusos, egoísmo, humillaciones, violencia extrema, que finaliza con una verdadera masacre debido a los roles adquirido en la ficticia prisión. La violencia no sólo existe en los sujetos observados a través de las cámaras, sino que también existe una violencia simbólica por parte de los científicos observantes, ya que como si fuese un reallity show, miran con morbo como los sujetos se destruyen y desvirtúan cada día mas, sin hacer nada por intervenir. La ciencia se muestra como violencia legitimada, ya que ésta objetividad científica viene a ser el verdadero asesino de los “conejillos de india”.
Como planteaba, este relato no es particularmente alentador, el ser humano pareciera estar condenado a la lucha por la supervivencia, la violencia, el poder y el afán de territorialidad y superioridad sobre el otro. El experimento nos hace pensar que, las jaulas, saca a su máxima expresión la animalidad contenida en el ser humano, el deseo de sangre y violencia. Sólo algunos personajes, intentan mantener una pizca de humanidad en un bosque sapiente, siendo solidarios y preocupándose por su par, a pesar del ambiente frío e inhumano que recorre cada centímetro del set. Aunque en el texto fílmico no se observa la presencia de un narrador explícito, creo que éste hubiese resumido todo con la máxima Hobbesiana de que “homo homini lupus”.
el+experimento
cine+alemán
películas
0 Han pasado por aquí:
Publicar un comentario