Angustia y desazón

17 de junio de 2009

En el texto “Ser y Tiempo” de Heidegger, el autor muestra que el Dasein necesita una aperturidad, que podrá ser lograda a través de una disposición afectiva del Dasein mismo. Cuando hablamos de aperturidad en el Dasein, hacemos referencia a que la inmanencia del Dasein es su existencia, en el sentido de una cierta apertura al Ser, y ésta queda acopiada en la idea de aperturidad. De esto podemos deducir que la esencia del Dasein se encuentra determinada por esta aperturidad, y ha de ser entendida como ese salir fuera de sí mismo, el estar abierto al Ser. La aperturidad debe ser entendida como la exhibición al Ser que concede que el Dasein sea un ente manifiesto para sí mismo, es decir, abierto, merced a la comprensión de su propio ser como posibilidad.

Como planteaba el autor, la aperturidad está fundada en una disposición afectiva que se centra en el sentimiento de angustia. Ésta angustia dotaría al Dasein de una posibilidad de hallarse frente a la nada y revelarla como ente fenoménico, ésta angustia nos dota de la probabilidad de seguir existiendo frente a la nada, en el momento crítico en que el Dasein se da la espalda a sí mismo y percibe el sentimiento de huída de sí mismo. Para el autor, nosotros sentimos el mundo en su mundaneidad a través de la sensación de angustia, esta es la que nos dota de la sensación externa del mundo.

Aquí es donde aparece otro término importante para el autor que es el miedo. Para Heidegger “el análisis de la angustia no carecemos enteramente de preparación. Es cierto que aún queda oscura su conexión ontológica con el miedo. Manifiestamente hay entre ambos una afinidad fenoménica” 1. En la vida cotidiana podemos ver que ante la muerte de un ser querido, la primera impresión es de dolor y cólera por no comprender el suceso, luego viene la sensación de angustia al extrañar y experimentar la carencia del ser querido. Cuando el Dasein cae en-él y en-el-mundo ha sido denominada como una huida de sí mismo. El miedo tiene ese carácter de hacer huir un sujeto, de dar la espalda a aquello que nos atemoriza. El miedo que experimentamos es tal por lo que viene y se manifiesta a través de otras cosas, útiles o sujetos, es algo que esta por fuera de la conciencia del ser. Heidegger plantea que el Dasein experimenta el carácter de huida porque teme a lo que se enfrenta, pero anterior al temor debe coexistir la sensación de angustia que es un ante-que del miedo a lo intramundano que percibe el Dasein.

Es necesario conocer nuestros motivos de angustia para en cierta manera, perder los miedos intramundanos a los cuales nos enfrentamos, porque la angustia está en una estrecha relación con el ser más interior del Dasein, no teniendo un objeto o útil del cual aferrarnos o proyectarnos . El miedo como veíamos, tiene mayor vinculancia con lo intramundano, es un objeto externo que nos constriñe a experimentar el efecto de temor gatillando en la angustia que reside al interior de nosotros. Aunque es particularmente difícil explicar pensamientos tan insondables y complejos como los de Heidegger, daremos una breve aproximación a lo antes mostrado. Una mujer al realizar el aseo en su cocina se encuentra con un ratón bajo la mesa, comienza a gritar despavorida y huye corriendo del lugar. El pequeño mamífero en este caso, representaría el objeto del temor de la mujer, el animal sería el útil intramundano que accionaría la palanca del miedo. Por otra parte, la angustia sería una disposición afectiva que se encontraría en lo más profundo del ser de la mujer y que estaría relacionada con una angustia por una imagen preestablecida, o un trauma o un hecho que tenga vinculancia, donde la mujer es inconsciente del porque de tal angustia hacia ese animal.

En este sentido, el Dasein no estar al corriente de que es lo que lo angustia de sobremanera, comienza a angustiarse por lo intramundano, no dejarlo escapar de su acción cotidiana al enfrentarlo con la nada que la misma angustia le presenta. Ante la angustia de la nada, ésta conlleva a la desazón, el sentirse desazonado, ésta viene a irrumpir lo mas profundo del ser del Dasein. En la angustia el Dasein siente que no se encuentra en ninguna parte, en el vacío infinito, la desazón trae consigo la sensación de estar, pero en un lugar desconocido e infamiliar, el no-estar-en-casa.

Para Heidegger “la manera cotidiana como el Dasein comprende la desazón es el cadente darse la espalda, que atenúa el no-estar-en-casa (…) El tranquilo y familiar estar-en-el-mundo es un modo de desazón del Dasein, y no al revés. El no-estar-en-casa debe ser concebido ontológico-existencialmente como el fenómeno más originario”2 . En esta cita, vemos como el pensamiento del autor se centra en que el Dasein arrojado a lo mundano pierde su sazón por decirlo de alguna manera, siendo una autocrítica si se quiere denominar así, al planteamiento sobre lo “tranquilo y familiar estar-en-el-mundo”. La disposición afectiva provocada por la angustia logra una apertura que le permite arrojarse hacia su finitud, logrando un retraimiento que conlleva a estados posibles tales como la propiedad e impropiedad, como potenciales formas de ser del Dasein, es en la angustia donde el Dasein puede concebir estas posibilidades que no se encuentran manipuladas por los útiles ni hechos intramundanos.



1.-Heidegger, Martín. Ser y tiempo. Edición digital de; www.philosophia.cl, pág. 186
2.-
Ibídem. Pág. 190