En estos mismos días, mientras los chilenos celebraban en fondas y fiestas la independencia nacional, el año 1982, a varios kilómetros del territorio americano se llevó a cabo uno de los mas grandes genocidios de la historia del siglo XX, me refiero a la masacre de Sabra y Chatila.Todo sucedió en el marco de la guerra civil libanesa, donde el líder maronita y mandatario electo libanés, Bashir Gemayel sufre un atentado explosivo el 14 de septiembre, que termina con su vida. Con este acto Israel aprovecha la ocasión para ocupar la parte oriental de Beirut, violando un acuerdo con Estados Unidos de no ocupar Beirut oriental. El día 15 de ese mes el ejército israelí cerca los campamentos controlando las entradas y salidas del campo. El ministro de defensa israelí, Ariel Sharón se reunió con miembros de las unidades de la milicia cristiano-falangista libanesa (partidistas del asesinado Bashir) para invitarles a ingresar a los campamentos de refugiados a buscar miembros del frente de liberación palestina. Los falangistas libaneses, azuzados por las acusaciones israelíes de que los palestinos habían sido los autores del asesinato, buscan venganza en la población civil ingresando casa por casa y masacran a más de 6.000 refugiados, mujeres, ancianos y niños. El cómplice ejército israelí, para facilitar el éxito de la operación durante las noches, disparó bengalas para iluminar el cielo que albergó aquella matanza.
Debo reconocer que mis conocimientos sobre historia árabe no son muy profundos y hace poco vine a conocer este lamentable hecho a través del documental animado “Vals con Bachir” del director israelí Ari Folman. Este documental posee dos grandes aspectos que, para mí, lo hacen ser uno de los mejores filmes animados del último tiempo. El primero es la originalidad de la estética, el utilizar un recurso como la animación para contar un hecho bélico es tremendamente novedoso, viene a reunirse con otras películas que han utilizado la animación no solo para trabajar en contenidos infantiles sino en un cine mas “serio” o profundo. Como el mismo director plantea, los sueños, el mundo onírico en el que se desarrollan los sucesos, los recuerdos, divagaciones, etc… no hubieran sido posible desplegarlos dentro de un marco fílmico con humanos, con actores y locaciones reales. La animación da un plus para llegar a lugares que en la realidad hubiera sido imposible alcanzar.

El segundo aspecto es la forma en que se narra el suceso. Aunque ver diversos hechos históricos a través de los ojos de un sujeto no es nada novedoso, en este caso es absolutamente importante la visión que asume el personaje principal como eje en el que se desenvuelve el contenido fílmico. El director es el personaje principal, un ahombre adulto que no recuerda nada sobre lo acontecido en Sabra y Chatila. Es a través de recuerdos externos y sufrimientos de compañeros de pelotón que Ari Folman ata los cabos que resuelven los vagos recuerdos y sueños que poseía sobre su paso por el ejército. De esta forma las diversas entrevistas a sus camaradas lo sumergen en una suma de recuerdos que mejor hubiese sido no desempolvarlos, los recuerdos llegan bruscamente a golpear la faz del sujeto, reviviendo la angustia y el dolor que había reprimido por años.
El sufrimiento del director se agudiza al descubrir que fue partícipe de tan negro episodio, de pecar de omisión al no hacer nada mientras masacraban a un pueblo entero, además de estar constantemente lanzando véngalas para que la falange libanesa violara mujeres, matara hombres y niños. Estos antihéroes recuerdan con nostalgias los hechos ocurridos, se lavan las manos sobre el baño de sangre perpetrado en Sabra y Chatila, algunos con más remordimientos que otros, pero los fantasmas del pasado pesan en las conciencias de aquellos soldados que presenciaron tan funesto espectáculo. Además se añade el sufrimiento de las familias, de los refugiados, de los gritos de dolor que se neutralizan y cubren con música, sonidos de bombas y ráfagas de metralletas que no cesan durante toda la noche, noche que parecía día con las cientos de bengalas que caían como ángeles del cielo.
Como algunos críticos planteaban, las imágenes reales de la masacre al final del film, nos vienen a recalcar aún mas el realismo del film, es el salto del mundo animado al mundo real, de la digitalización y programas computacionales a la carne y hueso, aquel mundo en que sucedió una masacre sin fundamentos, donde el hombre saca a relucir lo peor de su especie, la violencia, intolerancia y estupidez. Vals con Bashir destaca por intentar efectuar un nuevo lenguaje cinematográfico, renovar una ya desgastada y desprestigiada industria del cine. Pero además de realizar un mea culpa sobre sucesos acaecidos hace muchos años, injusticias que día a día siguen reviviendo en mentes inconcientes, denuncia a la guerra como un hecho funesto para quien dispara y sobre todo, para quien recibe injustamente aquellas balas enemigas.
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1 comentarios:
Me recuerda la matanza a sangre fría de las Fosas de Katyn, aunque no por su magnitud (3000 miliatres e intelectuales polacos muertos en 1940), por orden del comunista Stalin, quien fue incapaz de reconocer su orden de ejecutarlos masivamente a sangre fría en un par de dias, echándole la culpa a los nazis y minti´ndole a los aliados acerca del destino inicial de las víctimas.
Un crimen más del comunismo internacional.
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