Los Cuicos flaites

30 de julio de 2009


Hace algún tiempo se adopto el termino “cuico flaite” para denominar a jóvenes de clase acomodada, de estrato ABC1 que se visten, hablan y comportan como los marginales, choros, flaites, etc…Los medios, con todas las tragedias ocurridas en los últimos días, nos han bombardeado con reportajes y documentos en torno a esta nueva “tribu urbana” o estilo de vida de los pobres niños ricos.

Si antes el modo típico de rebeldía cuica era ser hippie o “shuper loco”, estas formas quedaron obsoletas, ya que se manipularon de tal forma que el abajismo con olor a incienso y a barrio Brasil quedó plasmado como una forma alternativa de ser cuico, por lo que no existe una verdadera negación de la clase. Es así como aparece el cuico flaite que intenta distanciarse lo mas posible de su clase (dentro de los límites que los burgueses poseen), de sus normas y pautas, se siente aprisionado de un modo de vida que debe representar provocando que adopte la forma de ser del flaite, viendo en éste libertad, violencia, rebeldía y desimplicación total con la realidad que le rodea.

Así el pendejo se empieza a vestir como esos vocalistas de grupos de hip hop con apariencia de narcotraficantes, se integra a un grupo de pertenencia (ya que los viejos no los pescan por estar preocupados de sus trabajos y amantes) y comienza a imitar las conductas de los flaites pero con unas sutiles diferencias. Mientras el cuico flaite “machetea” dinero a las afueras del apumanque o alto las condes, el flaite real realiza “lanzasos” a las afuera del mall plaza alameda o de la estación central. Mientras el cuico flaite le saca el auto al papa para ir a carretear, el flaite va en transantiago o simplemente, se va en el yaris robado de un amigo. Mientras el cuico flaite compra con su mesada marihuana, coca y otros estupefacientes, al flaite real le dan un papelillo de pasta al día por ser soldado de un dealer. Al cuico flaite el papa es quien le compra las zapatillas con resortes de 90 mil pesos, mientras que el flaite real se las roba de una tienda o asalta algún cuico flaite que se pasó de la invisible frontera que separa el barrio alto de lo “demás”.

Las diferencias son obviamente tremendas, y esta moda de pendejos ABC1 es una torpeza, pero un peligro al mismo tiempo, porque no solo adoptan el look, sino que algunos van mas allá adquiriendo también el lenguaje, una violencia desmedida (andan con cortaplumas y otras armas) todo esto bajo el amparo de una clase que los mira con lastima y consternación. Generalmente hijos de la tecnología y de la nana peruana, no ven a sus padres hasta la noche, y la falencia de afecto es suplida por bienes materiales y libertad para hacer y deshacer. Esto trae consigo la peligrosidad, que a pesar de querer ser “flaites”, porque nunca bajaran de escuela militar y si ven a un flaite de verdad arrancarían, si llegasen a ejercer violencia como hemos visto en los medios, poseen un séquito de abogados que te echarán encima, poseen el apellido, el capital, los medios para intimidar y legitimar una forma de actuar que esta por encima de la ley. Así, los cuicos flaites se transforman en delincuentes mucho más peligrosos que los flaites de verdad, que te roban el pan a la salida del supermercado, pero que no poseen privilegios e impunidad ante la justicia.








El trabajo a través de "Recursos Humanos"

15 de julio de 2009


El cine francés hace algún tiempo que viene regalándonos joyitas, debido a una nueva generación de cineastas que se les llegó a nombrar como la nueva “nouvelle vogue”. Dentro de éstos se encuentra Laurent Cantet que nos ofrece “Recursos Humanos” (1999), film que narra la historia de un joven profesional que llega de la ciudad a su provincia natal, a realizar la practica laboral en la fábrica donde su padre ha trabajado en la misma maquinaria por más de 30 años. El área de recursos humanos es la elección para este joven, que conllevará a diversos conflictos debido a la posición en la que él arriba (el hijo ejecutivo mientras el padre es obrero raso) y que lo hará comprender la cruda realidad de los obreros, realidad que no es instruida en las instituciones educacionales.

Este film no es grandilocuente, no posee una estructura argumental compleja, es sencillamente excepcional, en el sentido que con tal sencillez narra una historia cotidiana, pero la muestra de tal forma que sea como un espejo del espectador, un espejo que muestra la verdadera realidad del sistema del trabajo asalariado. En los primeros minutos de la película se expone cómo el personaje de Jean Claude, el padre de Franck, trabaja monótonamente frente a una maquina (recordándonos incluso a Charles Chaplin en “Tiempos modernos”), siendo presionado y regañado violentamente por un superior frente a los ojos impotentes de su hijo, que hacia su primer recorrido por la fábrica. El sujeto es mostrado como un esclavo de la máquina, a la cual no puede dejar de lado, incluso produciéndose una extraña forma de relación con ésta, una relación casi afectiva debido a los treinta años frente a ella, ya que a ese medio de producción del que no es propiedad se lo presenta a su hijo como suya, diciéndole “ésta es mi máquina”.

Pero también, el film omite cosas que creo, son apropósitos. De esta manera, el ocio y la pereza no tienen cabida en la vida de los personajes, la institución del culto al trabajo se muestra impregnada de tal forma, que en el hogar sólo se llega a hablar de la jornada laboral, o la distracción del padre es realizar trabajos en madera. Incluso, los lugares de esparcimiento que aparecen en la cinta, se habla de trabajo o acuden sujetos que están relacionados directamente con la entidad industrial. Es así como el trabajo atraviesa todas las esferas de la vida humana, incluso en un momento en que Franck nombra los momentos de ocio para una encuesta a implementar en la fábrica, su superior lo regaña aludiendo que eso no tiene incumbencia para la corporación

Recursos humanos muestra como la moral del trabajo se introyecta en los sujetos, en especial en el padre de Franck, siendo éste un hombre en un considerable estado de alienación. No solo por la monotonía que el trabajo de producción fordista que éste realiza, sino por como ha subjetivado el discurso de la ideología burguesa, llegando a poseer una conciencia de clase “desclasada”. Es así como al hijo que llega a realizar la práctica en el área ejecutiva lo ve como superior a él, trayendo a la memoria el típico discurso de todo padre obrero “quiero que seas más que yo”. El padre obrero ve como su hijo se relaciona con sus patrones, sintiendo una contradicción en él, el sentimiento de perderlo porque éste se avergüence de él, pero al mismo tiempo de satisfacción porque el joven estudiante podrá “ser lo que nunca fui”. Queda claro en el momento en que el patrón lo felicita por lo que ha hecho con los estudios de su hijo, aludiendo a que valió la pena el esfuerzo laboral para ayudarlo a tener estudios.

El trabajo es la vida misma, Recursos humanos lo plantea a cada instante, cuando la probabilidad de que el padre sea despedido después de tanto tiempo de trabajo la firmeza familiar tambalea, no solo desde el punto de vista económico, sino por la preocupación de cómo reaccionará el Páter familias, este padre que a centrado toda su vida en lo laboral, donde el trabajo y aquella máquina enajenante han producido cada espacio de su ser. Nuestras vidas están completamente entregadas al trabajo, según el trabajo asalariado que poseemos es como organizamos nuestra vida cotidiana, el trabajo es lo que condiciona cuando irnos de casa de los padres, cuando casarnos, cuando tener hijos, donde vivir y en que colegio poner a los pequeños según sea nuestra jornada de trabajo. Como ocupamos nuestro tiempo libre, si vamos al gimnasio, que conversamos con nuestros amigos, que libro leemos o que película vamos a ver al cine, está relacionado con el trabajo que realizamos. El cine pocas veces trata el tema del trabajo, y menos de ésta manera, por eso Recursos humanos es una cinta necesaria para aquellos que necesitaban llenar ese vacío en el séptimo arte, para aquellos que no sólo buscan entretenerse en cine, sino que también son capaces de pensar y reflexionar en torno al espejo de la vida que es Recursos humanos.








La shuper loca del siglo pasado

7 de julio de 2009

Hace algunas semanas se estrenó en este terruño llamado Chile la película Teresa, que es una biopic sobre la aristócrata poeta Teresa Wilms Montt. La verdad es que no he visto la película (ni tampoco tengo ánimos de verla), pero si he leído algunas críticas y peleas de egos entre críticos de cine y la realizadora.

Pero el asunto de fondo que quiero tratar es ¿Por qué filmar la biografía de esta mujer? ¿Que tenía de especial? Las feministas saldrán al paso aludiendo que se adelantó a su época, que era una buena literata y poeta, que luchó por el amor y la feminidad y un sin fin de epítetos épicos y míticos que no me trago. Si se quiere filmar la vida de una buena poeta, ahí está la Gabriela, que no era aristócrata ni fue amante de un Huidobro, tampoco era rubiecita de ojos claros, pero ganó el premio Nóbel y es reconocida en Chile y gran parte del globo. Tenemos otras mujeres que han defendido sus intereses como Elena Caffarena o Martina Barros Borgoño.

Pero Teresita calza con los clichés exportados desde Hollywood, además que la cultura esnobista de gran parte de nuestra clase artística. Era cuica, rubia de piel clarita, artista, rebelde, feminista, revolucionaria (al modo burgués obviamente), la encerraron en un convento y se escapó para irse de carrete con sus amigos ricachones a Europa, aseguro que si hubiese tenido una amiga, hubiesen sido las Thelma y Louise de principios de siglo. ¿Pero que pasaría si en vez de Wilms-Montt hubiese sido González, Soto, Alvarado? ¿Si no hubiese sido aristócrata? Obviamente no estaríamos escribiendo sobre ella ni acudiendo a su avant premier, sino que hubiese sido una meretriz más de los lupanares de el roto o una escritora de cuentos de niños. No fue taaaan talentosa como la pintan, la gracia que tuvo es nacer en una clase acomodada y revelarse, pero ni un brillo más. La cosa es que creo en Chile existen personajes mucho mas trascendentales, o incluso de bajo perfil pero ricos en vivencias e historias, que se podrían recrear en pantalla, y no a una cuica que su mayor gracias fue ser “incomprendida” por su clase.

¿Que pasaría si Teresa Wilms Montt hubiese nacido en la actualidad? De partida por quedar preñada no la hubiesen encerrado en un convento, sino que su padre le compraría un Postinor, o en el peor de los casos, la llevaría bajo la penumbra de la noche a una clínica del barrio alto (ustedes saben a que). La shuper loca estudiaría arte o humanidades en la PUC, o en el Juan Gómez Millas, y como forma de revelarse a su clase, viviría en un cité del barrio Brasil (pagado por su papá obviamente) y se juntaría con poetas e intelectuales en los cafés literarios del parque forestal. Así sería la rebelde de la familia, no yendo a misa los domingos ni casándose con el pololo abogado o arquitecto que sus amigas tenían cuando estaban en el colegio.

Así creo que el cine chileno no va por buen camino, contando historias picarescas y cursis, pero que no poseen una trascendencia histórica de calidad, historias que solo son contadas por que es alguien de abolengo, pero no se destaca en nada más. Se que el comentario es un poco (¿poco? jajaja) resentido, algunos me tratarán de shaquetero y sin corazón con los pobres realizadores compatriotas, pero para ver a cuicos sufrientes, mejor ver las paginas sociales del mercurio, aún más, ya cada uno tiene suficientes problemas para andar viendo los de las clases dominantes de hace más de medio siglo.




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